Creo en el cuerpo

Creo en el cuerpo

Creo en el cuerpo, porque de él vine.

Creo en el cuerpo, porque gracias a él puedo olerte, masticarte y acariciarte de mil maneras.

Creo en el cuerpo, porque siempre estuvo, hasta el final y desde siempre.

Creo en el cuerpo, porque a veces lo que veo me duele y lo que escucho me devuelve a la vida.

Creo en el cuerpo, porque defiende y afirma, ama y cuida, odia y muere.

Creo en el cuerpo, porque sólo él sabe que existo.

Creo en el cuerpo, porque al abrir los ojos me viste y al cerrarlos quedé en tu cuerpo, para siempre.

Creo en el cuerpo, porque defiende y afirma, ama y cuida, odia y muere.

Creo en el cuerpo, porque no me miente, aunque muchas veces me traicione.

Creo en el cuerpo, para siempre y no puede ser de otro modo.

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El acto de escucha exige el deseo de entrar en contacto con el otro, con el exterior, y esto le confiere una dimensión psicológica y emocional. El órgano es el oído, pero la escucha necesita de la voluntad de integrar, memorizar, encarnar la estimulación recibida. Escuchar es un acto de apertura del ser al otro y a uno mismo.

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